Porque no te encuentro en mi y pueblas mi territorio, visitandome en las esquivas miradas que me topo al pasear, saludándome en los alfeizares de las ventanas que reflejan el crepúsculo de ciento y una tardes otoñales; sususrrando enigmas en los oscuros rincones de mi soledad. Te encuentro cuando reniego de ti rasgándo las vestiduras de un capricho que se disfrazó de promesa, de un paraiso que se tornó en cuna de mi destierro, de una quimera que congeló su vuelo al contemplar como la llegada del día convierte sus alas en plomo.
Te pierdo entre mis sábanas cuando lúbricos sueños juegan con mi deseo confundiendo a mi alma con etereos besos del sabor a lo dulce que trae el coincidir con tu boca; el rendirme en tu cuerpo; el morirme dentro.
Te pierdo en cada saludo que pronuncio, en cada oportunidad que tienta a mis ganas marchitas de tanto esperar,en cada día que me convenzo más de mi destino atado al siempre lejos pero tan dolorosamente presente, en cada noche en vela dedicada a armar el puzzle de una la felicidad que nunca es plena, de una agonía que se ahoga bajo la mordaza de lo correcto.
Te extraño aunque no se cuanto porque ya perdí la cuenta vencido por la saudade.
jueves, octubre 01, 2009
lunes, agosto 17, 2009
Antes, ayer, hace un instante
Antes, ayer, hace un instante, las palabras brotaban del manantial de mi soledad, ahora esa misma soledad fértil en suspiros, derrotas y desalientos se ha tomado un respiro por vacaciones o por prescripción médica, harta de acompañar a quién colecciona rostros siempre de paso, siempre accidentalmente, siempre a la distancia precisa para no implicarse. Como un Pinoccio que abandona a este titiritero de los sentimientos que ahoga su pena en la representación de sus miserias, en el teatrillo ambulante que recorre los barrios del mundo recaudando monedas a cambio de dulces mentiras.
Antes me reconocía en el espejo de una tristeza cargada de razones creadas al efecto, solo ayer me erigía como abogado defensor de mi causa perdida, esgrimiendo magistrales argumentos ante un tribunal que desde el inicio tenía la sentencia firmada por unanimidad. Hace apenas un instante recogía lágrimas en el fondo del mar, coleccionaba lamentos egoístas en medio de una tormenta de silencios, cosechaba nostalgias etiquetadas con latidos que ya no me pertenecían, con entrada de registro en el olvido.
Antes la culpa era suficiente para aliviar durante un par de pasos estos hombros que todo aguantaban y hoy crujen amenazando con romper la leyenda que tantos aclamaron y tan pocos acompañan. Ayer aún compartía distancias en un combate a última sangre con la que más me ha enseñado de mí, de la vida, de los límites de la cordura, de la más honda locura, del peso del respeto y del abismo de su ausencia, de lo que de verdad importa a fuerza de abrazar atillos de espinos envenenados con lo insignificante. Hace un instante volvía a despedirme de la promesa de un mañana envuelta en tus labios y ahora desconozco que viene tras este segundo que ahora consumo excepto que sigo en pie y continuo soñando.
Antes me reconocía en el espejo de una tristeza cargada de razones creadas al efecto, solo ayer me erigía como abogado defensor de mi causa perdida, esgrimiendo magistrales argumentos ante un tribunal que desde el inicio tenía la sentencia firmada por unanimidad. Hace apenas un instante recogía lágrimas en el fondo del mar, coleccionaba lamentos egoístas en medio de una tormenta de silencios, cosechaba nostalgias etiquetadas con latidos que ya no me pertenecían, con entrada de registro en el olvido.
Antes la culpa era suficiente para aliviar durante un par de pasos estos hombros que todo aguantaban y hoy crujen amenazando con romper la leyenda que tantos aclamaron y tan pocos acompañan. Ayer aún compartía distancias en un combate a última sangre con la que más me ha enseñado de mí, de la vida, de los límites de la cordura, de la más honda locura, del peso del respeto y del abismo de su ausencia, de lo que de verdad importa a fuerza de abrazar atillos de espinos envenenados con lo insignificante. Hace un instante volvía a despedirme de la promesa de un mañana envuelta en tus labios y ahora desconozco que viene tras este segundo que ahora consumo excepto que sigo en pie y continuo soñando.
sábado, junio 27, 2009
Mis eternas "sería"
Los segundos de un enfermo de amor, que presenta los sintomas de amar el amor, de encontrar en los pequeños detalles de sus princesas cotidianas un motivo para entregar el usufructo de los errantes latidos de un corazón vencido. Es en ellas en las que reside mi esperanza, en los besos que no di, en las caricias que no entregué,en las noches que simplemente pasé a su vera pero sin ellas. En este instante sólo siento su ausencia hueca como el hambre y reescribo historias con tinta que se desdibuja en cada trazo, su recuerdo no se pierde, se engalana en los versos sueltos que interpreto, en los silencios que pululan en mi cabeza envenenando sueños, robándome la felicidad, condenándome a vivir un perpetuo "sería" condicional como mi destino, criptico como mi ahora, denso como mi pasado.
sábado, mayo 30, 2009
Don Mario
Murió Benedetti y yo estaba en Madrid, a punto de volar de nuevo hacia mi exilio voluntario, hacia el destino que interpreté en su palabras, torciendo eso si sus renglones a la imagen de una isla con volcán. Murió el maestro que tradujo mi inquietud en poesia que sirviera de guia a un corazón en vela, en relatos que daban respuesta a una soledad que era doble hasta que empecé a compartirla con sus letras. Murió el cordón umbilical que me presentó al más bello de los platónicos, a la esencia de quien siempre estará tan lejos y a la vez tan dentro, dejándome como legado la esperanza de su compañía el relleno a medida de su ausencia. Murió un amante de la libertad del hombre como reivindicación de su condición humana y puramente individual. Murió pero no demasiado, siguiendo la senda de lo predicado esperó lo suficiente para añorar a su querida Luz, y se fue, sin ruido dejando un hastaluego prendado en nuestra penumbra.
jueves, mayo 14, 2009
Deconstruyendo
Es de suponer que el camino se deshace pisando en las baldosas que se rompieron con el torpe paso de los errores; leyendo las señales que se ocultaron tras la gasa de las promesas que hoy se venden al peso del viento; reservando 2 de cada 3 "te quiero" de los que siguen a la huella de su piel en mi boca; recordandome en cada segundo re-recorrido que soy humano, imperfecto y fragil; que tras un ala rota viene un desgarro o un adios sin acuse de recibo; que el amor es un juego peligroso donde el premio suele ser lo ya vivido y el riesgo es la distancia desde ese punto hasta el resto de mañanas con la nostalgia como compañera de viaje.
Es de suponer que para ordenar las cenizas en el aire y conformar un "yo", es requisito indispensable deconstruir lo conocido para apostar contra el destino el peligro de derribo.
Es de suponer que para ordenar las cenizas en el aire y conformar un "yo", es requisito indispensable deconstruir lo conocido para apostar contra el destino el peligro de derribo.
lunes, abril 27, 2009
in a boy´s dream
You've got your ball
You've got your chain
Tied to me tight tie me up again
Who's got their claws
in you my friend
Into your heart I'll beat again
Sweet like candy to my soul
Sweet you rock
and sweet you roll
Lost for you I'm so lost for you
You come crash into me
And I come into you,
I come into you
In a boy's dream
In a boy's dream
Touch your lips just so I know
In your eyes, love, it glows so
I'm bare-boned and crazy for you
When you come crash
into me, baby
And I come into you
In a boys dream
In a boys dream
If I've gone overboard
Then I'm begging you
to forgive me
In my haste
When I'm holding you so girl...
close to me
Oh and you come crash
into me, baby
And I come into you
Hike up your skirt a little more
and show the world to me
Hike up your skirt a little more
and show your world to me
In a boy's dream
In a boy's dream
Oh I watch you there
Through the window
And I stare at you
You wear nothing but you
wear it so well
Tied up and twisted,
the way I'd like to be
For you, for me, come crash
into me,
crash into me
crash into me
crash into me
crash into me
I'm the king of the castle
You're the dirty rascal
Crash into me
Oh see you crash into me baby,
'Cause I am swimming in your seas
And in your ocean
And I feel your waves come and crash into me
Oh yes I see the waves come and crash into me
Oh yes I feel the waves come and crash into me
miércoles, abril 22, 2009
A esa platea vacia
A esa platea vacia que es mi foro más incondicional. A ese espectador que se disfraza en la sombra con la capa del anonimato, a aquellos que aun pueblan mi nostalgia y le dan sentido a mis conversaciones desde el exilio. A ese patio de butacas salpicado por todos los puntos suspensivos que escribimos juntos, siempre con puño distinto, a menudo enturbiados por la intrusión de una presencia desde la ausencia, a veces interrumpidos por el paso de tus labios. A ese silencio que me rodea y que grita más fuerte que las voces que me acompañan a diario. Para todos vosotros mi más profundo agradecimiento porque sois el sustento de un alma que a ratos muere de inanición, el remedio de un espiritu quebradizo, y la ilusión de un hombre desgastado. Para vosotros, donde quiera que esteis, va mi aplauso en el vacio de este foro.
domingo, abril 12, 2009
Virgo
Para un hombre, hablar de las mujeres es una asignatura pendiente que no se aprueba con el paso de los septiembres, que no se aprende repsando los versos escritos en cien cuerpos diferentes, que se desaprende con cada adios, que se enquista con los besos robados en la noche.
Para que un hombre pueda acercarse a definir a una mujer, debe pagar el peaje de su ausencia, porque este es un privilegio reservado a unos pocos, a los que han pasado en silencio muchas tardes grises sin la luz de su compañía, a los que han completado las escenas de su esencia con la espuma del mar batida contra los acantilados de los pueblos del norte; con el viento que mece la hierba en las tardes del verano tardio; con los suspiros de los niños; con la fragancia de la calma; con todo lo etéreo e intangible que adornan los sueños.
Completar el "es" exige haberlas amado y haberlas llorado en igual proporción, renunciar a las mieles de su piel cuando lo que hay en el otro platillo de la balanza es un instante compartiendo la tierra que ellas pisan, la tierra que tan bien conocen, la tierra que representan.
Para un hombre, conocer a una mujer debe ser capaz de sentir sin barreras, de comprender que la eternidad se fragua con segundos seguidos de otro segundo, que la tristeza es el reverso de nuestra sonrisa, que el sacrificio late en la sangre desde la concepción, que la mirada habla más que todas las lenguas, que las explicaciones, al uso, sobran porque no existen; que lo bello no es lo obvio...
Para un hombre, mientras, le bastará con coleccionar su paso por su vida, engañándose omo aquel que vive el carnaval a través de un cristal
Para que un hombre pueda acercarse a definir a una mujer, debe pagar el peaje de su ausencia, porque este es un privilegio reservado a unos pocos, a los que han pasado en silencio muchas tardes grises sin la luz de su compañía, a los que han completado las escenas de su esencia con la espuma del mar batida contra los acantilados de los pueblos del norte; con el viento que mece la hierba en las tardes del verano tardio; con los suspiros de los niños; con la fragancia de la calma; con todo lo etéreo e intangible que adornan los sueños.
Completar el "es" exige haberlas amado y haberlas llorado en igual proporción, renunciar a las mieles de su piel cuando lo que hay en el otro platillo de la balanza es un instante compartiendo la tierra que ellas pisan, la tierra que tan bien conocen, la tierra que representan.
Para un hombre, conocer a una mujer debe ser capaz de sentir sin barreras, de comprender que la eternidad se fragua con segundos seguidos de otro segundo, que la tristeza es el reverso de nuestra sonrisa, que el sacrificio late en la sangre desde la concepción, que la mirada habla más que todas las lenguas, que las explicaciones, al uso, sobran porque no existen; que lo bello no es lo obvio...
Para un hombre, mientras, le bastará con coleccionar su paso por su vida, engañándose omo aquel que vive el carnaval a través de un cristal
viernes, abril 03, 2009
La utopía robada al imposible
Mis manos recorriendo el infinito espacio de su espalda, jugando a avanzadilla del deseo que pesadamente buscaba apostarse su piel contra la mia a todo o todo. EL aroma a sexo invadía la estancia incitandonos a emborracharnos del otro, no era preciso, disponíamos de la eternidad encerrada en cada segundo que transcurríamos juntos. Notaba como su cuerpo se erizaba y suavemente se contraía a medida que mi tacto se perdía en la frontera de su vientre. No había necesidad de buscar más alla, el latido compartido saciaba el apetito por lo prohibido.
Un beso lanzado al aire fue lo único que rompió el silencio entre dos amantes naufragos del otro, que se vinieron a encontrar en medio de un oceáno de tiempo en la orilla de lo improbable. Siguió el silencio, y la letra de mil canciones se puso al servicio de un adios inminente, no sonaban, pero las sensaciones vividas y encerradas en sus melodías se atropellaban en cada uno de los suspiros cruzados.
Más silencio, penumbra, y el salado roce de una lágrima sirvieron de entrantes de un banquete de preguntas sin respuesta, de anhelos no satisfechos, de soledades con muchos nombres de compañeros de viaje, de "por qués" huerfanos de "porques".
Las lágrimas, que habían encontrado acomodo en nuestro festín de piel, rabia contenida y espíritu invitaron a los susurros a contar mentiras piadosas, y estos a su vez, como viento del norte, espolearon a nuestros labios a buscar refugio en los labios del otro, y nuestra esencia compartida se vació de nuevo en el recipiente de nuestros cuerpos cansados.
El tiempo, mientras, seguía robándonos la vida dulcemente, grabando la memoria de cada instante a fuego en la rugosa supeficie de una utopía que por deslices del destino se le robó al imposible.
Un beso lanzado al aire fue lo único que rompió el silencio entre dos amantes naufragos del otro, que se vinieron a encontrar en medio de un oceáno de tiempo en la orilla de lo improbable. Siguió el silencio, y la letra de mil canciones se puso al servicio de un adios inminente, no sonaban, pero las sensaciones vividas y encerradas en sus melodías se atropellaban en cada uno de los suspiros cruzados.
Más silencio, penumbra, y el salado roce de una lágrima sirvieron de entrantes de un banquete de preguntas sin respuesta, de anhelos no satisfechos, de soledades con muchos nombres de compañeros de viaje, de "por qués" huerfanos de "porques".
Las lágrimas, que habían encontrado acomodo en nuestro festín de piel, rabia contenida y espíritu invitaron a los susurros a contar mentiras piadosas, y estos a su vez, como viento del norte, espolearon a nuestros labios a buscar refugio en los labios del otro, y nuestra esencia compartida se vació de nuevo en el recipiente de nuestros cuerpos cansados.
El tiempo, mientras, seguía robándonos la vida dulcemente, grabando la memoria de cada instante a fuego en la rugosa supeficie de una utopía que por deslices del destino se le robó al imposible.
miércoles, abril 01, 2009
Crisis
No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo.
La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos.
La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura.
Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar 'superado'.
Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.
La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.
El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones.
Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos.
Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.
Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo.
En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.
ALBERT EINSTEIN
La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos.
La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura.
Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar 'superado'.
Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.
La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.
El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones.
Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos.
Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.
Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo.
En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.
ALBERT EINSTEIN
martes, marzo 24, 2009
Vida
Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.
Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!».
Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!».
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.
No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)
Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.
José Hierro
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.
Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!».
Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!».
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.
No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)
Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.
José Hierro
lunes, marzo 16, 2009
Naipes
A veces pienso que olvidé escribir, que entre batida y batida de la vida, algo de lo que soy se pierde. Una especie de peaje que se abona por el regalo de estar vivos, o quizás una entrega a cuenta de la promesa de una vida mejor.
En otras ocasiones he escrito sobre los instantes, sobre el precioso momento que pasa ante ti durante una fracción de segundo, y de la terrible ceguera que nos impide disfrutarlo, y que no es otra que nosotros mismos y el conjunto de realidades que dibujamos en torno a nosotros a modo de excusa vital. Ayer, viendo a mi vida debatirse entre lo correcto y la necesidad imaginé, desde el principio, como habría sido, si cada una de las opciones que se me presentaron hubieran sido resueltas con otro signo. Las interrogantes cubrieron, en poco tiempo, el cielo onírico que sobrevolaba el escenario imposible. La única conclusión que extraje del extraño experimento fue que mi vida es ahora un castillo de naipes que sigue creciendo a la espera del temporal...
En otras ocasiones he escrito sobre los instantes, sobre el precioso momento que pasa ante ti durante una fracción de segundo, y de la terrible ceguera que nos impide disfrutarlo, y que no es otra que nosotros mismos y el conjunto de realidades que dibujamos en torno a nosotros a modo de excusa vital. Ayer, viendo a mi vida debatirse entre lo correcto y la necesidad imaginé, desde el principio, como habría sido, si cada una de las opciones que se me presentaron hubieran sido resueltas con otro signo. Las interrogantes cubrieron, en poco tiempo, el cielo onírico que sobrevolaba el escenario imposible. La única conclusión que extraje del extraño experimento fue que mi vida es ahora un castillo de naipes que sigue creciendo a la espera del temporal...
jueves, marzo 12, 2009
Mad Men
Cuánto somos de verdad, que hay de real en las palabras que comercializamos, en las promesas que formulamos, en los te quieros que juramos. Quién no navega en el filo de la impostura, de la apariencia bien tejida, del parapeto de una experiencia eterea. Qué decidimos ser tras el velo de nuestra apariencia, tras el castigo de nuestra voluntad verdadera. Qué hay de nosotros y cuánto de politicamente correcto. Cuántos deseos se ven doblegados por un par de gramos de oro y dos firmas en un contrato, bautizado como vínculo. Cuántos sueños no son el escaparate de nuestros anhelos... La vida es una farsa que se cobra la entrada de nuestra felicidad.
Queda prohibido
¿Qué es lo verdaderamente importante?,
busco en mi interior la respuesta,
y me es tan difícil de encontrar.
Falsas ideas invaden mi mente,
acostumbrada a enmascarar lo que no entiende,
aturdida en un mundo de irreales ilusiones,
donde la vanidad, el miedo, la riqueza,
la violencia, el odio, la indiferencia,
se convierten en adorados héroes,
¡no me extraña que exista tanta confusión,
tanta lejanía de todo, tanta desilusión!.
Me preguntas cómo se puede ser feliz,
cómo entre tanta mentira puede uno convivir,
cada cual es quien se tiene que responder,
aunque para mí, aquí, ahora y para siempre:
Queda prohibido llorar sin aprender,
levantarme un día sin saber qué hacer,
tener miedo a mis recuerdos,
sentirme sólo alguna vez.
Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quiero,
abandonarlo todo por tener miedo,
no convertir en realidad mis sueños.
Queda prohibido no demostrarte mi amor,
hacer que pagues mis dudas y mi mal humor,
inventarme cosas que nunca ocurrieron,
recordarte sólo cuando no te tengo.
Queda prohibido dejar a mis amigos,
no intentar comprender lo que vivimos,
llamarles sólo cuando los necesito,
no ver que también nosotros somos distintos.
Queda prohibido no ser yo ante la gente,
fingir ante las personas que no me importan,
hacerme el gracioso con tal de que me recuerden,
olvidar a todos aquellos que me quieren.
Queda prohibido no hacer las cosas por mí mismo,
no creer en mi dios y hallar mi destino,
tener miedo a la vida y a sus castigos,
no vivir cada día como si fuera un último suspiro.
Queda prohibido echarte de menos sin alegrarme,
odiar los momentos que me hicieron quererte,
todo porque nuestros caminos han dejado de abrazarse,
olvidar nuestro pasado y pagarlo con nuestro presente.
Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen más que la mía,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha,
sentir que con su falta el mundo se termina.
Queda prohibido no crear mi historia,
dejar de dar las gracias a mi familia por mi vida,
no tener un momento para la gente que me necesita,
no comprender que lo que la vida nos da, también nos lo quita.
Alfredo Cuervo Barrero
busco en mi interior la respuesta,
y me es tan difícil de encontrar.
Falsas ideas invaden mi mente,
acostumbrada a enmascarar lo que no entiende,
aturdida en un mundo de irreales ilusiones,
donde la vanidad, el miedo, la riqueza,
la violencia, el odio, la indiferencia,
se convierten en adorados héroes,
¡no me extraña que exista tanta confusión,
tanta lejanía de todo, tanta desilusión!.
Me preguntas cómo se puede ser feliz,
cómo entre tanta mentira puede uno convivir,
cada cual es quien se tiene que responder,
aunque para mí, aquí, ahora y para siempre:
Queda prohibido llorar sin aprender,
levantarme un día sin saber qué hacer,
tener miedo a mis recuerdos,
sentirme sólo alguna vez.
Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quiero,
abandonarlo todo por tener miedo,
no convertir en realidad mis sueños.
Queda prohibido no demostrarte mi amor,
hacer que pagues mis dudas y mi mal humor,
inventarme cosas que nunca ocurrieron,
recordarte sólo cuando no te tengo.
Queda prohibido dejar a mis amigos,
no intentar comprender lo que vivimos,
llamarles sólo cuando los necesito,
no ver que también nosotros somos distintos.
Queda prohibido no ser yo ante la gente,
fingir ante las personas que no me importan,
hacerme el gracioso con tal de que me recuerden,
olvidar a todos aquellos que me quieren.
Queda prohibido no hacer las cosas por mí mismo,
no creer en mi dios y hallar mi destino,
tener miedo a la vida y a sus castigos,
no vivir cada día como si fuera un último suspiro.
Queda prohibido echarte de menos sin alegrarme,
odiar los momentos que me hicieron quererte,
todo porque nuestros caminos han dejado de abrazarse,
olvidar nuestro pasado y pagarlo con nuestro presente.
Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen más que la mía,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha,
sentir que con su falta el mundo se termina.
Queda prohibido no crear mi historia,
dejar de dar las gracias a mi familia por mi vida,
no tener un momento para la gente que me necesita,
no comprender que lo que la vida nos da, también nos lo quita.
Alfredo Cuervo Barrero
sábado, marzo 07, 2009
Si solo
Si la música tradujera los latidos cansados; si tus oidos se rindieran y relegaran su tarea a tu espíritu; si los diamantes que contiene el ayer se licuaran en nectar que ofrecer a nuestro encuentro furtivo; si el tiempo pusiera en letargo las manecillas de nuestro reloj regalandonos un espacio en blanco a completar con nuestros secretos; si vaciaramos nuestra piel de todas las caricias; si borraramos las cicatrices de nuestro corazón; si fueramos conscientes de lo leve del instante que creamos a golpe de imposibles; si pudieramos raptarnos de nuestro yo conocido para desnudarnos en nuestro carnaval privado; si nuestras miradas se encontraran repletas del otro; si solo nos concediesemos la gracia...
viernes, marzo 06, 2009
Tu también
Cuando resulta difícil encontrar la letra de una canción que defina un sueño; una suplica; una pesadilla; el desaliento; el anhelo; el cansancio vital; el fracaso del amor; un sin ti ni contigo; lo único que nos arrastra juntos hacia ninguna parte...Aparecen como balsamo de fierabrás para las heridas del alma
miércoles, febrero 18, 2009
Esquinas
La vida esta llena de esquinas, algunas se solucionan solamente girandolas, otras esconden secretos, pasajes inhóspitos, rincones oscuros o simplemente reencuentros ... El caso es que resulta que se podría establecer una bella analogía entre la vida y las esquinas, cada segundo que transcurre sería una, un nuevo interrogante que se nos presenta como opción abierta a ser descubierta. El ser humano es curioso por naturaleza, por eso abre la puerta cuando oye un ruido, o espía un mensaje cuando cree que nadie le observa. Esta vez, mis esquinas me trajeron un mensaje del ayer, rostros pérdidos en el olvido no buscado que en si mismos se constituyen como piezas importantes del puzle que conforma mi alma y sólo una idea me vino a la mente "nunca todo esta perdido"
jueves, febrero 12, 2009
Stand by me
Un regalo de alguien extraordinario que cada instante me recuerda que la vida de uno crece con su legado en otras vidas.
lunes, febrero 09, 2009
A change is gonna come
Se cierra un ciclo y un sabor a ceniza inunda mi alma. Lo pasado es ya historia, una certidumbre repleta de sombras en el pozo donde se diluye demasiado de mi como para poder enfrentarlo sin ambajes ni barerra de por medio. La lucha comienza en cada segundo que se extingue, con la obligación autoimpuesta de encerrar en el baúl del destierro los ayeres y sus ecos... Tanto recorrido, tan efimero mi paso por el tiempo, tan breve el resumen de un final largamente aplazado. Me aterra que en esta odisea que hoy comienza, no cuento conmigo como siempre me conocí, estoy vacio por dentro, cruel en el exterior. Solo existe un motor en mi vida y se aleja de mi. Las dudas que brotan de la incertidumbre golpean mi razón e invitan al delirio a recorrer la senda de mis erraticos pasos. no se nada, olvidé lo aprendido solo queda confiarme al cambio.
domingo, diciembre 14, 2008
El espejo que huye
Una imposible mañana de invierno, en una estación muy conocida, un hombre que no conozco -de sobretodo, con dos violetas en el ojal- quería demostrarme que los hombres son felices, que la vida es grande, que el mundo es hermoso. Yo lo escuchaba con interés, sacudiendo a cada momento la ceniza de mi cigarrillo que el viento consumía sin que nunca lo llevara a la boca. Lo escuchaba sonriendo y el hombre que no conozco se acaloraba cada vez más y del humour pasaba al sentimiento, al entusiasmo y al delirio. La fuga de sus palabras rápidas, fluyentes, firmes, como si hubieran sido fundidas en ese instante, acuñadas de nuevo en algún sitio hacía poco tiempo, me llenaba de una ebriedad muy similar a la que provoca la champaña. Algo picante y saltarín, un deseo de abrazar y de llorar, de danzar, de reír de improviso...
En cierto momento su voz me dijo:
-Medite, señor, medite en la grandeza del progreso que se desarrolla bajo nuestros ojos; en el progreso que lleva a los hombres desde el pasado hasta el futuro, desde lo que ya no es más hasta lo que todavía no es, de lo que se recuerda a lo que se espera. Los salvajes no prevén el futuro, no piensan en el porvenir; no prevén ni proveen. Pero nosotros, hombres civilizados, hombres nuevos, vivimos para el futuro y a merced del futuro. Nuestra vida entera se tiende hacia lo que debe venir, está construida en previsión de lo que ocurrirá. Nuestros hombres consagran el presente al mañana (siempre, porque todo presente pasa al mañana que pasará), respetuosa y valerosamente.
“Este enorme progreso del espíritu profético es lo que hace desvanecer los peligros, lo que pone en nuestras manos las fuerzas, lo que hace descubrir nuevas posibilidades, lo que nos vuelve dueños de la tierra, del mar y del cielo y de una cosa que vale más que todo eso, oh señor: ¡de nosotros mismos!”
Pero en ese momento un tren expreso llegó a la estación. Su estruendo solemne en el cruce de las vías, su breve silbato, decidido, irritado, interrumpieron el discurso del Hombre que no conozco. Cuando el tren se calmó y no se oyeron más que sordos bufidos de la locomotora y los viajeros escaparon, el Hombre quiso todavía continuar pero yo me anticipé:
-Señor Hombre -le dije-, este tren que acaba de llegar, ¿no le ha sugerido nada que se relacione con nuestra circunstancia? ¿No ha entendido su respuesta? ¿Quiere que se la repita yo, humilde traductor, ya que puedo traducir el idioma de los trenes y de muchas otras cosas? Hasta hace pocos minutos este tren corría a una velocidad media de ochenta kilómetros por hora, pequeño mundo apiñado e iluminado a través del campo solitario y neblinoso. Y he aquí que de pronto se detiene y los habitantes de esta pequeña ciudad en fuga han desaparecido y el maquinista se seca la frente con aire poco satisfecho. Las ruedas se han detenido perezosamente sobre los rieles y los vagones vacíos y oscuros añoran las charlas de los pasajeros y las valijas multicolores. Así termina una fuga cuando se viaja sobre rieles. Pero dejemos el tren y volvamos a los hombres. En este momento se me ocurre algo absurdo y se lo digo a usted, señor Hombre, y lo digo porque no hay aquí multitudes que puedan escucharme. Si estuvieran aquí todos los que yo deseo, les diría:
“Imaginen, humanos, una cosa imposible, absurda, loca, increíble y espantosa. Imaginen que todo el mundo se detuviese de improviso, en un instante dado, y que todas las cosas permanecieran en el sitio en que estaban y que todos los hombres se volvieran inmóviles, como estatuas, en la actitud en que estaban en ese instante, en la acción que se hallaban ejecutando... Si esto ocurriera y si a pesar de todo ello continuara todavía funcionando en los hombres el pensamiento, y pudieran recordar y juzgar lo que hicieron y lo que estaban haciendo, y pudieran examinar todo lo que realizaron desde su nacimiento y meditar en lo que deseaban realizar antes de morir, ¡imagínense cuánta desesperación ardería bajo el trágico silencio de ese mundo detenido de improviso!
“No sé si tendrán el valor de escuchar lo horrible que sería. Esfuércense por unos instantes en ver a todos estos hombres inmovilizados mientras se hallaban dedicados a su tarea, anhelantes detrás de sus sueños, instigados por sus sucias pasiones, rudamente empujados por sus deseos. Véanlos esparcidos por el mundo, como suspendidos por una catástrofe que los trasmutara en fantoches pensantes, en estatuas desesperadas. Véanlos en las más repugnantes posiciones y en las más ridículas, en las más cansadoras y en las más estúpidas. He aquí al hombre sorprendido en medio de un pesado sueño con la boca semiabierta como un cadáver borracho; al hombre en el acto amoroso, extendido como una bestia jadeante sobre la mujer de párpados cerrados; al hombre que robaba en las tinieblas con falsa mirada y la lámpara que nunca más se apagará; al juez vestido de negro que dispensa el infierno y la sangre desde su alto sitial; al miserable que se arrastra por el fango de la ciudad buscando un hueso y una moneda; a la mujer que sonríe lascivamente con su rostro empolvado, en postura insinuante; al mercader de manos huesudas que gesticula para lograr diez centavos más; al campesino afanado con la aguijada en la mano tendida hacia los inmóviles bueyes; al elegante orador detenido en medio de una sonrisa y de un cumplido; al soldado que se hallaba con la bayoneta calada ante una puerta cerrada, y al homicida que preparaba sus venenos en una buhardilla, y al obrero soñoliento curvado sobre las enormes máquinas grasientas, inmóviles y siniestras, y al científico que no puede separar el ojo cansado del microscopio donde han interrumpido su danza los monstruos invisibles... “Imaginen ahora, si sus ánimos resisten, pensamientos de todos estos hombres condenados en un mismo instante ante la conciencia de su muerte. ¿Creen ustedes que habrá un solo hombre -uno solo, ¿entienden?-, uno solo que esté contento y satisfecho de ese momento en que el destino lo ha vuelto inmóvil? ¿Creen que para uno solo de estos hombres sería ése el momento de Fausto, el momento hermoso que querríamos detener, fijar y conservar para la eternidad? ¡Ustedes no creen realmente esto, no pueden creerlo!
“El señor Hombre -usted, aquí presente, delante de mí- ha dicho una gran y tremenda verdad. Los hombres piensan en el futuro, viven para el futuro, consagran perpetuamente sus días actuales a los mañanas venideros. Todo hombre no vive más que para aquello que prevé, aguarda y espera. Toda su vida está hecha de manera que cada instante tiene valor para él solamente en cuanto él sabe que ese instante prepara un instante sucesivo, cada hora una hora que vendrá, cada día un día que seguirá. Toda su vida está hecha de sueños, de ideales, de proyectos, de expectativas; todo su presente está hecho de pensamientos en torno a su futuro. Todo lo que es, lo que está presente, nos parece oscuro, mezquino, insuficiente, inferior, y nosotros nos consolamos solamente pensando que todo este presente no es sino un prólogo, un largo y aburrido prólogo, a la hermosa novela del porvenir. Todos los hombres, lo sepan o no, viven gracias a esta fe. Si de pronto se les dijese que dentro de una hora todos morirán, todo lo que hacen y lo que hicieron no tendría para ellos ningún placer ni sabor ni valor algunos. Sin el espejo del futuro la realidad actual parecería torpe, sucia, insignificante. Sin el mañana que permite esperar los desquites, las victorias, las ascensiones, las promociones y los aumentos, las conquistas y los olvidos, los hombres no consentirían más en seguir viviendo. Sin el lejano perfume del mañana no querrían comer el negro pan del hoy.
“Piensen, pues, en estos hombres detenidos de pronto, que no pueden actuar más pero que todavía piensan. Imaginen a estos hombres prisioneros de un eterno hoy, sin la liberación de la conciencia. ¿Qué pensarán estos hombres? ¡Qué dolor atroz debe roer sus vísceras y amputar sus nervios! Inmóviles en sus posiciones vergonzosas y delictivas, tristes e idiotas, sin posibilidades de esperanza, sin luz de sueños, sin dulzura de proyectos, con las alas tronchadas, las piernas atadas, las manos encadenadas, como una enorme multitud de prisioneros al estilo de Miguel Ángel, reducidos a las ataduras de sus vidas mezquinas, melancólicas, repugnantes; ataduras de esa vida que soportaban solamente con la esperanza y la expectativa de vidas más bellas y más grandes: ellos, esos condenados a la perpetua inacción, reconocerán con infinita rabia la absurda estupidez de su vida anterior. Pensarán que todo el presente era sacrificado por ellos en pos de un futuro, que a su vez se volvería presente y sería sacrificado a su vez por otro futuro y así hasta el último presente, hasta la muerte. Todo el valor del hoy estaba en el mañana y el mañana valía solamente por otro mañana y así llegaba el último hoy, el hoy definitivo, y así la vida entera había transcurrido para preparar de día en día, de hora en hora, de momento en momento lo que no llega nunca. Y ellos descubrirán esta tremenda cosa: que el futuro no existe como futuro, que el futuro no es más que una creación y una parte del presente, y que soportar la vida inquieta, la vida triste, la vida doliente por este futuro que de día en día huye y se aleja es la más dolorosa necedad de esta estúpida vida.
“Humanos, nosotros perdemos la vida por la muerte; consumimos lo real por lo imaginario, valoramos los días sólo porque nos conducen a días que no tendrán otro valor que el de traernos otros días idénticos a ellos... ¡Humanos: toda la vida es un fraude atroz que ustedes mismos traman para el daño propio, y solamente los demonios pueden reír fríamente de la carrera de ustedes hacia el espejo que huye!”
Un nuevo expreso, pitando y tronando, entró en la estación, y una vez más los viajeros huyeron y el maquinista se enjugó la frente con aire poco satisfecho. El Hombre que no conozco estaba siempre ante mí -de sobretodo, con dos violetas en el ojal-, aunque lo hubiese olvidado del todo.
-He aquí -le dije- mis ideas sobre el progreso, sobre el porvenir y sobre la vida. Ciertamente, usted no está de acuerdo conmigo pero yo estoy de acuerdo con alguien; por ejemplo, con la niebla que a menudo intenta cubrir el mundo y esconder el hombre al hombre, la miseria al desprecio, la fealdad a la melancolía. Y yo amo muchísimo, señor Hombre, los trenes que se detienen tras las inútiles fugas y la niebla que vela lo que no se puede destruir.
El hombre que no conozco se había vuelto nervioso y todo su entusiasmo había desaparecido como un hilo de humo. En vez de responder, se quitó del ojal una de sus violetas y me la ofreció. Yo la tomé con una inclinación, la acerqué a la nariz y su leve perfume me gustó.
FIN
Cuento de Giovanni Papini
En cierto momento su voz me dijo:
-Medite, señor, medite en la grandeza del progreso que se desarrolla bajo nuestros ojos; en el progreso que lleva a los hombres desde el pasado hasta el futuro, desde lo que ya no es más hasta lo que todavía no es, de lo que se recuerda a lo que se espera. Los salvajes no prevén el futuro, no piensan en el porvenir; no prevén ni proveen. Pero nosotros, hombres civilizados, hombres nuevos, vivimos para el futuro y a merced del futuro. Nuestra vida entera se tiende hacia lo que debe venir, está construida en previsión de lo que ocurrirá. Nuestros hombres consagran el presente al mañana (siempre, porque todo presente pasa al mañana que pasará), respetuosa y valerosamente.
“Este enorme progreso del espíritu profético es lo que hace desvanecer los peligros, lo que pone en nuestras manos las fuerzas, lo que hace descubrir nuevas posibilidades, lo que nos vuelve dueños de la tierra, del mar y del cielo y de una cosa que vale más que todo eso, oh señor: ¡de nosotros mismos!”
Pero en ese momento un tren expreso llegó a la estación. Su estruendo solemne en el cruce de las vías, su breve silbato, decidido, irritado, interrumpieron el discurso del Hombre que no conozco. Cuando el tren se calmó y no se oyeron más que sordos bufidos de la locomotora y los viajeros escaparon, el Hombre quiso todavía continuar pero yo me anticipé:
-Señor Hombre -le dije-, este tren que acaba de llegar, ¿no le ha sugerido nada que se relacione con nuestra circunstancia? ¿No ha entendido su respuesta? ¿Quiere que se la repita yo, humilde traductor, ya que puedo traducir el idioma de los trenes y de muchas otras cosas? Hasta hace pocos minutos este tren corría a una velocidad media de ochenta kilómetros por hora, pequeño mundo apiñado e iluminado a través del campo solitario y neblinoso. Y he aquí que de pronto se detiene y los habitantes de esta pequeña ciudad en fuga han desaparecido y el maquinista se seca la frente con aire poco satisfecho. Las ruedas se han detenido perezosamente sobre los rieles y los vagones vacíos y oscuros añoran las charlas de los pasajeros y las valijas multicolores. Así termina una fuga cuando se viaja sobre rieles. Pero dejemos el tren y volvamos a los hombres. En este momento se me ocurre algo absurdo y se lo digo a usted, señor Hombre, y lo digo porque no hay aquí multitudes que puedan escucharme. Si estuvieran aquí todos los que yo deseo, les diría:
“Imaginen, humanos, una cosa imposible, absurda, loca, increíble y espantosa. Imaginen que todo el mundo se detuviese de improviso, en un instante dado, y que todas las cosas permanecieran en el sitio en que estaban y que todos los hombres se volvieran inmóviles, como estatuas, en la actitud en que estaban en ese instante, en la acción que se hallaban ejecutando... Si esto ocurriera y si a pesar de todo ello continuara todavía funcionando en los hombres el pensamiento, y pudieran recordar y juzgar lo que hicieron y lo que estaban haciendo, y pudieran examinar todo lo que realizaron desde su nacimiento y meditar en lo que deseaban realizar antes de morir, ¡imagínense cuánta desesperación ardería bajo el trágico silencio de ese mundo detenido de improviso!
“No sé si tendrán el valor de escuchar lo horrible que sería. Esfuércense por unos instantes en ver a todos estos hombres inmovilizados mientras se hallaban dedicados a su tarea, anhelantes detrás de sus sueños, instigados por sus sucias pasiones, rudamente empujados por sus deseos. Véanlos esparcidos por el mundo, como suspendidos por una catástrofe que los trasmutara en fantoches pensantes, en estatuas desesperadas. Véanlos en las más repugnantes posiciones y en las más ridículas, en las más cansadoras y en las más estúpidas. He aquí al hombre sorprendido en medio de un pesado sueño con la boca semiabierta como un cadáver borracho; al hombre en el acto amoroso, extendido como una bestia jadeante sobre la mujer de párpados cerrados; al hombre que robaba en las tinieblas con falsa mirada y la lámpara que nunca más se apagará; al juez vestido de negro que dispensa el infierno y la sangre desde su alto sitial; al miserable que se arrastra por el fango de la ciudad buscando un hueso y una moneda; a la mujer que sonríe lascivamente con su rostro empolvado, en postura insinuante; al mercader de manos huesudas que gesticula para lograr diez centavos más; al campesino afanado con la aguijada en la mano tendida hacia los inmóviles bueyes; al elegante orador detenido en medio de una sonrisa y de un cumplido; al soldado que se hallaba con la bayoneta calada ante una puerta cerrada, y al homicida que preparaba sus venenos en una buhardilla, y al obrero soñoliento curvado sobre las enormes máquinas grasientas, inmóviles y siniestras, y al científico que no puede separar el ojo cansado del microscopio donde han interrumpido su danza los monstruos invisibles... “Imaginen ahora, si sus ánimos resisten, pensamientos de todos estos hombres condenados en un mismo instante ante la conciencia de su muerte. ¿Creen ustedes que habrá un solo hombre -uno solo, ¿entienden?-, uno solo que esté contento y satisfecho de ese momento en que el destino lo ha vuelto inmóvil? ¿Creen que para uno solo de estos hombres sería ése el momento de Fausto, el momento hermoso que querríamos detener, fijar y conservar para la eternidad? ¡Ustedes no creen realmente esto, no pueden creerlo!
“El señor Hombre -usted, aquí presente, delante de mí- ha dicho una gran y tremenda verdad. Los hombres piensan en el futuro, viven para el futuro, consagran perpetuamente sus días actuales a los mañanas venideros. Todo hombre no vive más que para aquello que prevé, aguarda y espera. Toda su vida está hecha de manera que cada instante tiene valor para él solamente en cuanto él sabe que ese instante prepara un instante sucesivo, cada hora una hora que vendrá, cada día un día que seguirá. Toda su vida está hecha de sueños, de ideales, de proyectos, de expectativas; todo su presente está hecho de pensamientos en torno a su futuro. Todo lo que es, lo que está presente, nos parece oscuro, mezquino, insuficiente, inferior, y nosotros nos consolamos solamente pensando que todo este presente no es sino un prólogo, un largo y aburrido prólogo, a la hermosa novela del porvenir. Todos los hombres, lo sepan o no, viven gracias a esta fe. Si de pronto se les dijese que dentro de una hora todos morirán, todo lo que hacen y lo que hicieron no tendría para ellos ningún placer ni sabor ni valor algunos. Sin el espejo del futuro la realidad actual parecería torpe, sucia, insignificante. Sin el mañana que permite esperar los desquites, las victorias, las ascensiones, las promociones y los aumentos, las conquistas y los olvidos, los hombres no consentirían más en seguir viviendo. Sin el lejano perfume del mañana no querrían comer el negro pan del hoy.
“Piensen, pues, en estos hombres detenidos de pronto, que no pueden actuar más pero que todavía piensan. Imaginen a estos hombres prisioneros de un eterno hoy, sin la liberación de la conciencia. ¿Qué pensarán estos hombres? ¡Qué dolor atroz debe roer sus vísceras y amputar sus nervios! Inmóviles en sus posiciones vergonzosas y delictivas, tristes e idiotas, sin posibilidades de esperanza, sin luz de sueños, sin dulzura de proyectos, con las alas tronchadas, las piernas atadas, las manos encadenadas, como una enorme multitud de prisioneros al estilo de Miguel Ángel, reducidos a las ataduras de sus vidas mezquinas, melancólicas, repugnantes; ataduras de esa vida que soportaban solamente con la esperanza y la expectativa de vidas más bellas y más grandes: ellos, esos condenados a la perpetua inacción, reconocerán con infinita rabia la absurda estupidez de su vida anterior. Pensarán que todo el presente era sacrificado por ellos en pos de un futuro, que a su vez se volvería presente y sería sacrificado a su vez por otro futuro y así hasta el último presente, hasta la muerte. Todo el valor del hoy estaba en el mañana y el mañana valía solamente por otro mañana y así llegaba el último hoy, el hoy definitivo, y así la vida entera había transcurrido para preparar de día en día, de hora en hora, de momento en momento lo que no llega nunca. Y ellos descubrirán esta tremenda cosa: que el futuro no existe como futuro, que el futuro no es más que una creación y una parte del presente, y que soportar la vida inquieta, la vida triste, la vida doliente por este futuro que de día en día huye y se aleja es la más dolorosa necedad de esta estúpida vida.
“Humanos, nosotros perdemos la vida por la muerte; consumimos lo real por lo imaginario, valoramos los días sólo porque nos conducen a días que no tendrán otro valor que el de traernos otros días idénticos a ellos... ¡Humanos: toda la vida es un fraude atroz que ustedes mismos traman para el daño propio, y solamente los demonios pueden reír fríamente de la carrera de ustedes hacia el espejo que huye!”
Un nuevo expreso, pitando y tronando, entró en la estación, y una vez más los viajeros huyeron y el maquinista se enjugó la frente con aire poco satisfecho. El Hombre que no conozco estaba siempre ante mí -de sobretodo, con dos violetas en el ojal-, aunque lo hubiese olvidado del todo.
-He aquí -le dije- mis ideas sobre el progreso, sobre el porvenir y sobre la vida. Ciertamente, usted no está de acuerdo conmigo pero yo estoy de acuerdo con alguien; por ejemplo, con la niebla que a menudo intenta cubrir el mundo y esconder el hombre al hombre, la miseria al desprecio, la fealdad a la melancolía. Y yo amo muchísimo, señor Hombre, los trenes que se detienen tras las inútiles fugas y la niebla que vela lo que no se puede destruir.
El hombre que no conozco se había vuelto nervioso y todo su entusiasmo había desaparecido como un hilo de humo. En vez de responder, se quitó del ojal una de sus violetas y me la ofreció. Yo la tomé con una inclinación, la acerqué a la nariz y su leve perfume me gustó.
FIN
Cuento de Giovanni Papini
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